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Zelda y yo

febrero 21, 2011

Comenzaré mi rant expresando que hoy cumplo 24 años de edad (¡Eeeeeh!).

Hace 25 salió en Japón, para el Famicom (y evidentemente no para el NES, como twiteé hace unas horas) un título llamado Zelda no Densetsu, o como se le conoció un año después por acá, The Legend of Zelda. Hasta la salida del Wii, se me podía considerar una especie de fanboy de Nintendo, ya que si bien sus consolas han sido más limitadas que las de la competencia en por lo menos las dos generaciones pasadas, los juegos siempre se me hicieron superiores. Y fanboy al fin, mi predilección por las franquicias de la llamada Gran N siempre fue considerable. Me gusta mucho la saga de StarFox, los juegos de plataformas de Mario, los Mario Party en bola con los amigos, el medidísimo Super Smash Bros Melee que algún día tendrá su post individual, etcétera. Pero sobre todo, por encima de TODAS las franquicias de Nintendo, soy fan de Zelda.

Se ha comentado mucho sobre si los videojuegos son arte o no. Habría que empezar a definir arte, si es que éste debate les interesa. Yo no lo veo tanto por ese lado. Yo prefiero darle puntos a un juego basado en qué tanto me movió, qué tanto me emocionó, cuánto me divirtió. Además de las memorias: creo que las cosas que uno disfruta durante la infancia siempre dejarán una marca indeleble. Siendo el entretenimiento digital uno de tus hobbies infantiles, claro que hay muchos juegos que entran en ésa categoría. Zelda, en específico, es la saga que me trae mejores recuerdos y que más he disfrutado en todo el tiempo que llevo con un control en las manos. Al ver el juego con un enfoque un poco más objetivo, veo que ese disfrute no es nada más porque sí; el diseño de personajes, de historias, de niveles, la animación, los sidequests, los ítems, el control, el sonido, la música, absolutamente TODO es, si no impecable, con un nivel estable muy cercano a ése calificativo, rayando en la perfección en algunas de sus entregas.

Y bueno. Mi historia con Zelda no es tan larga como me gustaría aparentar. Mi primer contacto con la saga fue, sin embargo, con el primer juego. Cuando jugué el primer Zelda en casa de un compadre de mi papá (el cartuchote dorado cuyas propietarias seguramente no sabían cuánto valía), recuerdo no haber durado mucho. También tomemos en cuenta que yo tenía como 6 años, y un juego así de difícil adquiría tintes de “imposible” esa edad. Me hace recapacitar en que no era realmente un juego “para niños”, al menos no en el sentido tradicional. Cualquier chamaco se habría desesperado al empezar sin absolutamente nada, ni espada, ni ítems, ni mucho menos una explicación de qué caraxos se tenía qué hacer. Recuerdo que lo quité y puse The Flintstones, de TaiTo. Pero varios años después, con mi afición ya sembrada, le di una oportunidad al juego, y lo valoré por lo que -de acuerdo a lo que he leído- significó en aquella época (acertijos complicados, la capacidad de guardar tus avances dentro del mismo cartucho en la versión americana, el inglés roto que le da un toquecito kitsch…). Se vieron los primeros elementos característicos de la saga en éste título, y tiene un feeling retro bien padre, aunque no me haya tocado vivirlo al cien en su época. Años después, al salir el GameBoy Advance SP que tenía diseño alusivo al control del NES, yo siempre lo quise comprar con el Zelda. Nunca se me hizo.

Luego salió Zelda 2: Adventure of Link. De nuevo, años después sí lo jugué, sí me entretuvo, pero no tengo mucho qué decir sobre éste título. El hecho de ser un side-scroller en su mayor parte hizo que no me llamara la atención. Es como si se hubieran dado cuenta del éxito de Mario, y como si ésto se hubiera combinado con ventas bajas del primer Zelda, y como si hubieran decidido agregarle ese enfoque platformer. Pero bueno, esas son suposiciones mías. No es que el juego sea malo, por supuesto. No lo es. De hecho, tiene batallas con jefes bien buenas. Pero no es tan destacado como el resto de la saga, incluso se le ve como la oveja negra. En lo personal, yo lo jugué en un emulador cof cof en el disco de GameCube que traía los dos Zeldas de NES y los dos de N64, el cual es una adquisición recomendable para los fans de la saga que no tengan alguno de ésos dos sistemas. Habría sido el paquete perfecto si hubiera incluido la siguiente joya (supongo que como estaban vendiendo el remake para GameBoy Advance, no podían meterlo al disco):

Con la salida de los demás juegos de la saga, se fue sembrando esa semillita que le daría el mote de “legendaria” a la misma. Y es que a partir del lanzamiento de Zelda para SNES, Nintendo hiló 4 juegos de un nivel ALTÍSIMO para la franquicia. Uno se queda con la idea de qué tanto tiempo le dedican o qué tanto representa “Un Nuevo Zelda” para la compañía. La manera en la que cada juego aprovecha las capacidades del sistema en el que es lanzado, así como el desarrollo de tecnología que se hace -en un inicio- para Zelda son testimonio de ello. The Legend of Zelda: A Link to the Past es a mi juicio, el primer GRAN juego de la saga. Me atrevería a decir que es, junto a Super Mario RPG, Super Mario World, Donkey Kong Country y Chrono Trigger, el mejor juego del legendario Super Nintendo (si pongo 5 juegos en el tope de mi lista, es para que se den una idea de la calidad de los juegos en aquel entonces). Las gráficas eran espléndidas. La música era impresionante. El gameplay era pulido a más no poder. Y el juego era, tal vez en su propia escala infantil o como se le quiera ver, simplemente épico. Éste lo jugué en el emulador ZSnes maldición no lo jugué en otro lado en un emulador para mi PC. Hasta compré un control para vivir la experiencia lo más cercana posible a jugarlo en SNES. El concepto del Light/Dark World estaba bien planteado, bien contado, y se jugaba a la perfección. Era el regreso de la vista overview que es sencillamente la ÚNICA vista que funciona en un Zelda con gráficos en segunda dimensión. La atención a los detalles (como por ejemplo, el hecho de que Link sea un conejito, simbolizando su pureza) y todos los toques estilísticos para los fans que quisieran clavarse más en el juego, lo convierten en el primero de la cuarteta estelar que mencioné.

Y bueno. De Ocarina of Time , para el también legendario Nintendo 64, no se puede decir mucho que no haya sido ya comentado. Tengo gratísimas memorias de disfrutar, en Noviembre del ’98 a mis 11 años, del proclamado como ni más ni menos que “mejor juego de la historia”. Me lo regalaron junto al Star Wars: Episode I – Racer, que a pesar de su calidad terminó empolvándose, y por obvias razones. Para los lectores jóvenes, o quienes empezaron en ésto de los videojuegos hasta la salida del Xbox o del PS2, les cuento que en su tiempo, Zelda: OoT era el juego perfecto. Perfecto. No tenía falla alguna. Ninguna. Había una expectativa enorme por la llegada de Zelda a las tres dimensiones, y no fue nada más alcanzada, fue superada por mucho, muchísimo. El control era perfecto (el uso de los botones C del Nintendo 64 es el mejor que se dio a cualquier juego en el sistema). El manejo del personaje. La posibilidad de cabalgar. Las gráficas. La iluminación. La música (es el único juego de la saga que no tiene el Tema Principal, y aun así es el que en mi opinión tiene el mejor soundtrack de cualquier juego de su época). Sobre todo, la historia, que si bien incluía referencias de los juegos anteriores, podía ser disfrutada por cualquier persona que nunca hubiera jugado un Zelda. Navi. Lost Woods. Lon-Lon Ranch. Dodongo’s Cavern. Jabu-Jabu’s Belly. El Forest Temple. El Water Temple. The Song of Time. El Bolero of Fire. Las espadas. El mini-juego de pesca. Los Poes. Las leyendas urbanas en torno a si podías vencer al corredor o no, o si podías conseguir la Trifuerza o descongelar Zora’s Domain, o si podías entrar al Temple of Light (era el ’98, internet no era tan “de uso común” como hoy día). Nada más de escribir y recordar el que a la fecha es uno de los juegos que más me han marcado me trae una enorme sonrisa a la cara.

Corte al año 2000. Yo tenía 13 años. Salió la secuela directa de Ocarina of Time en Noviembre. Y la expectativa también era alta. Fue el primer juego que esperé desde su anuncio, y fue el primero para el que ahorré solo, en alcancía y toda la cosa. Mil pesos es una pequeña fortuna a esa edad, pero afortunadamente para nosotros los pobres que sufrimos con las distribuidoras de videojuegos, hay un puesto de piratería distribuidor no autorizado muy conocido en el pasaje comercial “Macalito” de mi ciudad natal. Ahí fue donde me hice (o bueno, donde en gran parte mi papá me hizo) de The Legend of Zelda: Majora’s Mask. ¿Recuerdan las expectativas que mencioné arriba? Bueno, Ocarina las había tomado, cumplido y superado. Majora’s Mask las tomó, les escupió, las arrojó a un lado y me tomó por sorpresa. Y es que verán, a los 13 años empiezas a dejar de interesarte en juegos “de niños”. Empiezas a ver juegos más elaborados, más desarrollados, menos infantiles. Zelda era parte de mi niñez. Y Majora’s Mask, aunque suene paradójico (por aquello que es un videojuego, juar), fue parte del final de mi niñez. A mucha gente no sólo no le gusta, sino que NO SOPORTAN ésta joya. Ocarina of Time era emocionante, divertido, épico. Pero Majora’s Mask, a pesar de que mantenía éstos adjetivos, agregaba otro par que no se esperaban de inicio. Era Angustiante. Tenso. Macabro. Lúgubre. Surrealista. Oscuro. Y yo lo amé. Era lo que quería, un Zelda “para grandecitos”. Es un juego en el cual, al clavarse, uno reparaba en su nivel de sofisticación: es un juego COMPLEJÍSIMO, planeado con una obsesión brutal por los detalles y el desarrollo de personajes. De nuevo, estamos hablando de finales del 2000 y principios del 2001. El Nintendo 64 iba prácticamente de salida. Pero juegos como éste y, digamos, Conker’s Bad Fur Day, fueron los que le dieron una despedida dignísima, explotando al 100 las capacidades tecnológicas de la consola.

Por esas fechas también circulaba un clip que Nintendo había pasado en el Space World del 2000, presentando su sistema nuevo, el GameCube. Y cuando vi las fotos de un Zelda al estilo de Ocarina of Time, pero con gráficas más realistas (qué nostalgia me da ver las fotos de lo que se consideraba “realista” para la época), me emocioné, como toda la legión de fans. Y mientras disfrutaba jugaba Majora’s Mask, esperaba con ansias ese nuevo Zelda. Y pasó un año. Y que muestran el nuevo pietaje (ja) de Zelda para GameCube. Y me fui de espaldas. Porque lo que apareció en pantalla era un personaje que pasaría a ser conocido como Powerpuff Link. Un Link caricaturizado, infantilizado, con gráficos Cel-Shaded y colores simples. Recuerdo haber leído el previo en la revista Club Nintendo del mes, y a pesar de su frase consolatoria de “se supone que es para niños y así va a ser, una aventura para los más niños” terminó por matar mis expectativas de lo que sería The Wind Waker. Y con todo, lo aparté (bueno, me lo apartaron mi jefa y mi hermana) y lo jugué en Marzo del 2003, esperando no decepcionarme mucho. Señores, qué equivocado estaba. Sólo por un jueguito de Capcom llamado Resident Evil 4 no lo considero el mejor juego de la generación pasada. The Wind Waker, en calidad gráfica, de gameplay, de diversión, de diseño, es simplemente impresionante. Hace algunos meses lo volví a jugar, ahora en una pantalla mucho más competente que la que tenía en el 2003, y se ve increíble, a casi 10 años de su salida. Muchos se quejaron de que el tiempo en el agua era demasiado, pero a mí me fascinó éste recurso. El sidequest del Barco Fantasma, las diferentes islas chiquitas, la movilidad, en fin…una verdadera obra maestra. Y el último juego de esa “cuarteta dorada” a la que me referí hace varias líneas. El standard para los juegos de Zelda era ya altísimo, muy difícil de superar. Tres años después salió el Wii, y a su salida se anunció otro Zelda. Y bueno…

Salió con Wii Sports, pero todo mundo estaba comprando Twilight Princess. El “Press A+B” me emocionó. También el blandir la espada de lado a lado. También los sonidos, la música, vaya, estaba en terreno familiar. Pero la diferencia es que no se sentía tan fresco. Luego reparé (perdonen mi fanboyez) en que Link traía la espada en la mano derecha. Link es zurdo. Toda referencia al Hyrule de juegos anteriores estaba volteada al revés. Sin ser un mal juego, Twilight Princess no trae nada nuevo en cuestión tecnológica ni gráfica (recordemos que la versión de Wii es básicamente un port de la de GameCube, quizá por eso la sentí muy equis). No me decepcionó como tal, pero tampoco superó mis expectativas. Fue el primer Zelda que las cumplió, que fue exactamente lo que esperaba…y nada más. Aunque cabe mencionar que tiene grandes puntos a favor, como los calabozos, la música y algunas peleas con los jefes. Hay un par de momentos nostálgicos por aquí y por allá, y sin duda es un juego recomendable y merece estar en cualquier biblioteca de un videojugador, pero a pesar de la época en la que lo jugué, no me marcó tanto como los otros. Solo por eso no acompletó la quinteta de “Zeldas de 10”. Ahora que recuerdo, tengo mi copia prestada. Tal vez merece que la recupere y le dé una desempolvadita.

Lo que me preguntaba en aquellos días después de terminar Twilight Princess, es si Zelda dejó de gustarme, o algo por el estilo. Recordemos que hablamos del 2006. Gears of War iba saliendo, y era un juego por el cual dejaba de jugar Zelda. Pero cuando anunciaron Skyward Sword y noté mi emoción, me di cuenta de que aparentemente siempre voy a ser fan de Zelda. Pocas series tienen ese nivel de esfuerzo aplicado a los detalles y ésa capacidad de hacer que el jugador se identifique con su representación. Es el acierto de tener a Link sin voz en un mundo donde todos los videojuegos traen diálogos hablados. Link es el videojugador mismo. Nos da la oportunidad de sumergirnos en Hyrule o Termina o Koholint (sí, ya sé que no mencioné Link’s Awakening…) y ser el héroe de la historia. Es paradójico como un personaje tan impersonal puede hacerse tan personal. Seguramente voy a comprar la próxima edición de Zelda. Por lo pronto, hay que celebrar los 25 años de la que es (a mi parecer) la mejor saga en la historia de los videojuegos dándole una repasada a alguno de sus títulos. Opciones de calidad, en éste caso, sobran.

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One Comment leave one →
  1. abril 24, 2011 5:17 am

    una lagrima brota de mi ojo derecho..

    igual que tu juge el primer zelda en el NES lo tenia un primo que es 5 años menor que yo y no dejaba jugarlo si realmente ni lo apreciaba el guey. después el A LINK to the past para el SNES me facino pero OCARINA OF TIME sin duda sigue siendo de mis video juegos prefieridos para toda la vida, respecto a MOJORAS MASK estoy mas que de acuerdo contigo a mi me encanto tan tétrico, desesperante, distinto a los demas zeldas, la luna caer sobre el pueblo hasta llegue a tener pesadillas con ella… llegue a jugar varios zelda para game boy e igual me fascinan la nostalgia de la vista desde arriba al estilo de los primeros zelda es genial.. WIND WAKER nunca lo termine ya que el game cube era de un amigo y me lo quito despues de eso fue el ultimo contacto que tuve con un zelda…

    Hasta ahora, mi novia tiene un N64 en perfecto estado y con el un ocarina of time voy en el templo de fuego y siento igual que la primera vez que lo jugué.

    Gracias que buen post.
    saludos.

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